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La autonomía de mis pensamientos

De pequeños quisimos ser bomberos, astronautas, cantantes  o científicos que descubrieran la vacuna para salvar al mundo de terribles enfermedades.

Con el tiempo, algunos de estos sueños empiezan a diluirse, otros pasan a la lista de cosas que siempre deseamos pero que no pudimos cumplir, en ocasiones por circunstancias de la vida; pero, en otros casos, porque alguien hizo que renunciáramos a ellas.

Es una lástima que algunos adultos, muchas veces sin intención, malogren las ilusiones infantiles con el argumento de que el niño tiene que “aterrizar” y prepararse para vivir la vida.

Es válido que los padres guíen y orienten a sus hijos, pero igual dejarlos que tomen sus decisiones. No hay por qué destruir los sueños y deseos legítimos de los pequeños, por el contrario, hay que estimularlos y apoyarlos. Tal vez esto será  el primer paso para que se hagan realidad.

También es reprochable la actitud de muchos padres que pretenden que sus hijos sean lo que ellos no pudieron ser, obligándolos a estudiar lo que no quieren,  atiborrándolos de lecciones y clases que no disfrutan. Esto solo genera frustración en los pequeños y la mayor insatisfacción en los padres.

Los grandes hombres fueron esos que siguieron sus sueños que se mantuvieron fieles a sus deseos y lucharon por conseguir lo que querían con sacrificio y apoyo de su familia.

Muchos de ellos contaron con personas a su alrededor que les hicieron pensar que aquello que soñaban, por descabellado que sonara, era posible. Científicos, pintores, artistas, no importa lo que los niños quieran ser, los padres y el colegio  deben ayudar a encontrar su camino. Al fin y al cabo la felicidad está en hacer lo que nos gusta.

Cada uno tiene que aprender a ser lo que quiere ser y a lograr lo que su propio corazón le dicte y para eso hay que alejar la tendencia al anonimato, a la pasividad, a formar parte de la masa sin forma y sin sentido, a ser máquinas que producen, a ser objetos de consumo, numerados y sin rostro.

La fuente de la libertad es la persona, el hombre no nace libre, pero sí con la capacidad  de ser libre, libres a medida que conquistan su propia autonomía en la toma de decisiones.

“Por eso decimos que mi libertad termina allí donde comienza la libertad de los demás".

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